Quiero la siesta de cada día, el cielo azul y la pared encalada
David Monteagudo
Quiero ser lo que soy.
Quiero ser bajito, quiero ser calvo, quiero ser tartamudo.
Quiero ser escritor, cuando sea mayor.
Quiero ser lo que soy. Quiero ser yo.
Quiero ser menos famoso ahora que dentro de cien años.
Quiero llegar a viejo cuando ya sea viejo.
Quiero escribir cada vez mejor. Quiero ser creativo, quiero ser imaginativo.
Quiero ser bueno, fuerte y sabio. Quiero que mis hijos sean buenos, fuertes y sabios.
Quiero vivir al día.
Quiero ganar dinero, pero poco.
Quiero ser pobre con moderación.
Quiero equivocarme.
Quiero soledad, a ratos. Quiero pensar.
Quiero silencio, y quietud. Pero sobre todo paz, mucha paz.
Quiero atar a los perros con longanizas. Quiero que todo el monte sea orégano, y también romero, tomillo, salvia, espliego. Quiero el oro, y el moro.
Quiero decir “buenos días” sin engañar a nadie.
Quiero llenar mi corazón de musgo, para ver al herido por el agua, y también al muerto por el agua.
Quiero que los mesías no se dediquen a la política.
Quiero que las personas sean más importantes que las ideas.
Quiero que el mundo sea imperfecto. Quiero que nadie me prometa el paraíso terrenal. Quiero que no me cuenten cuentos.
Quiero que no olvidemos la historia. Quiero que no repitamos la historia.
Quiero reírme de mí mismo, y de mi familia, y de mi país, y de dios y su madre.
Quiero tener sentido del humor, i pixar-me de riure, i fer volar coloms.
Quiero conocer gente inteligente. Quiero tener almuerzos con gente importante.
Quiero leer, quiero releer.
Quiero que la gente lea.
Quiero que la gente lea a los clásicos.
Quiero correr ligero, como cuando era joven.
Quiero seguir con Olga.
Quiero ser una buena ama de casa, así, en femenino.
Quiero cocinar para las personas que quiero.
Quiero que la gente me quiera.
Quiero ser puntual. Quiero ser un dechado de virtudes, un buen partido, un chollo, una bicoca, una perita en dulce.
Quiero madrugar, y arrimarme a un buen árbol, y que vuelen cien pájaros, para que yo tenga uno en la mano.
Quiero que no se acabe el vino, ni el agua.
Quiero la siesta de cada día, la pared encalada, el cielo azul y las macetas con geranios. Quiero el olor del sofrito perfumando la escalera.
Quiero ser pobre. Quiero vivir con las puertas abiertas, la puerta de la calle, la puerta del rellano, y que pase el viento de la vida; que me llamen a gritos desde la calle, ¡Monti!, y me asome a la escalera con el delantal puesto, con un paño en las manos de harina (imaginad la escena), y que sea un amigo, el cartero, un vecino, alguien que no venga a convencerme de nada. Que bien sé lo que quiero. Que yo quiero ser yo.
Quiero, virgencita, virgencita, que me quede como estaba.
Y cuando llegue el día del último viaje, y todas esas cosas que ya os imagináis, quiero partir ligero, morirme de alquiler, como siempre he vivido, sin capital, sin patrimonio, y sin haber ido nunca al notario.



