Columela

14/03/2019 - 12:04h

Jesús Velacoracho

Vilafranca

He tenido, días atrás, ocasión de catar en Chile los tintos -”Puralma”- de Arturo Labbé, justo viñador y quizás el más afanoso y tenaz prosélito de la biodinámica andina. Qué decir de la honradez, pasión, el mimo y calidez que atesoran vinos como su racial carignan de Cauquenes, su maduro carmenere o su malbec del valle de Colchagua.

Tan ecológicos y justipreciados como los anteriores han resultado ser los de otra cata -una vez aquí- con Joan Cusiné -Parés Baltá-. Un opulento y frutal tinto de garnacha, étnico y franco, el Hisenda Miret, codeándose con la microcuvée de sirahz, Marta de Baltá, un vino carnal, voluptuoso y crujiente, de nervio firme y claro perfil mediterráneo.

Como aquellos vinos andinos, los del Penedés también gozan del cobijo que les brinda la propuesta biodinámica que tanto el chileno Arturo como el “penedesenc” Cusiné practican. Y es que las pautas y doctrinas cósmicas del “Die Agriculture” del apóstol de la ecología, el polímata austriaco Rudolf Steiner, se expanden -¡hay 900 bodegas certificadas!- por todas las latitudes y altitudes vitícolas del hemisferio norte…y sur!

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Como sea que esta pasión de la biodinámica hunda sus raíces en lo más recóndito del pasado agrícola, quiero apuntar la curiosidad de que el primer biodinámico destacado fuera, hace unos dos mil años, el prócer y patricio gaditano Columela, autor del “De re rústica”, con sus doce libros de agricultura, de los que el tercero y la mitad del cuarto están exclusivamente dedicados a la provechosa vitivinicultura hispano-romana.

Si bien el profuso Steiner es el consagrado apóstol de la moderna biodinámica vitícola y del clamor por el retorno a los orígenes naturales, nuestro Columela fue el profeta que, con su fina observación, fundamentó las ventajas que comportaba -¡ya entonces!- el respeto por las tradiciones agrícolas que Catón, Varrón y Celso habían certificado. De hecho Rutilio Paladio, tres siglos más tarde, recuperó de nuevo los tratados de Columela para reverdecer los postulados agrícolas y ecológicos del ilustre gaditano.

En fin, y para acabar, sepan, quienes desdeñan la biodinámica, que: ¡nihil novum sub sole! “nada nuevo hay bajo el sol”, y lo dijo Salomón. Y para los radicales ortodoxos que acatan a pie juntillas esa doctrina, quiero que conozcan el segundo nombre de Columela: Moderatus, es decir ¡Moderado!

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